Queridos lectores...
Todo lo bueno se acaba, eso es ley de vida. Y las prácticas tras un mes de buenos momentos, experiencias variadas, sustos, emociones y sobre todo enriquecimiento personal llegan a su fin.
Pero lo hago de una manera muy dulce, con un recuerdo intenso de haber vivido una de las mejores experiencias de mi vida y practicamente inolvidable.
Nunca imaginé que me entusiasmaría tantísimo trabajar con menores, y mucho menos que me aportaría tanto en mi vida personal y profesional. Creo que en el piso tutelado nos hemos involucrado en cierto modo todos con todos, yo con los niños y ellos conmigo. Hemos vivido cosas juntos que nos han unido por momentos y eso es maravilloso. Es por ello, por lo que mi contacto con los chicos/as no acaba aquí ni mucho menos.
Independientemente de si volveré a trabajar con ellos algún día o no, tengo claro que no podré distanciarme tan fácilmente de ellos. Hemos trabajado juntos, aprendido, reflexionado, jugado y hasta nos hemos divertido. No cambiaría ni un segundo de mis prácticas, porque cada segundo he aprendido que los educadores sociales somos necesarios, que nuestra profesión no ha surgido porque sí y que tenemos mucho camino por recorrer cada día.
En mi último día, lágrimas. Cuando me regalaron un corazón hecho con globos y arroz en el que ponía: ¡¡No te olvides de nosotros!!, ¡¡Te queremos!!. Imposible...
Ahora solo queda una ardua tarea con la memoria que he de entregar el día 6 de mayo. Pero ninguna palabra que en ella se plasme, podrá expresar lo que yo he sentido durante este mes en compañía de estos niños, que a falta de hermanos he tenido la oportunidad de tener seis de golpe. Esto no lo cambio por nada del mundo.
Un saludo a tod@s!!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario